El Bautismo Como Un Sello

Alan D. Strange

Dios comunica su amor a nosotros a través de los medios de gracia (la Palabra, los sacramentos, y la oración) -- especialmente, en la predicación de la Palabra. Mientras que la predicación puede ser primaria entre los medios de gracia, el Espíritu Santo (quien hace efectivo los medios de gracia) también usa los sacramentos (el santo Bautismo y la Santa Comunión o la Santa Cena) para comunicarnos el amor y la gracia de Dios. Como con la predicación, el contenido del bautismo y de la Cena del Señor es el evangelio -- las bendiciones y los beneficios que son nuestros son por la persona y obra de Cristo. Precisamente la misma cosa, entonces, nos es comunicada en los sacramentos como en la predicación del evangelio.

Piensa de esta manera: cuando oímos el evangelio predicado, oímos la voz de Dios, por medio del Espíritu Santo, diciéndonos, "Yo te amo." Después de la predicación de la Palabra, en la administración del sacramento de la santa comunión, no solamente oímos a Dios decirnos que él nos ama, sino que vemos, tocamos, olemos, y probamos que Dios nos ama. Así como cuando un hombre le dice a su esposa que la ama y ella gozosamente cree en su declaración de amor, también en la predicación nosotros somos bendecidos cuando gozosamente creemos a Dios en su declaración de amor hacia nosotros. Cuando un hombre besa a su esposa, no solamente demuestra que la ama, sino también le transmite amor. Un beso es ciertamente una señal de amor, una atestación visible del amor del hombre. Pero es más que meramente una señal; es también un sello: El amor de un hombre y una mujer es sellado con un beso porque el beso mismo es un acto de amor, una comunicación física del amor que está en el corazón del hombre, una demostración visible de su amor interno.

Agustín habló de los sacramentos como palabras visibles. Así como un hombre declara su amor y después lo significa y sella con un beso, también Dios declara su amor y después lo significa y lo sella para nosotros con las palabras visibles de los sacramentos. En los sacramentos, podemos decir, Dios abraza y ama a su pueblo.

Señales y Sellos del Pacto

Los sacramentos son definidos en los estándares Reformados y Presbiterianos como siendo señales y sellos del pacto. De hecho, la Confesión Belga (Artículos 33-34), el Catecismo de Heidelberg (P/R 66, 94), la Segunda Confesión Helvética (Capítulos 19-20), y la Confesión de Fe de Westminster (CFW), el Catecismo Mayor (CM), y el Catecismo Menor (Cm) todos hablan del bautismo y de la Cena del Señor como signos y sellos. El CM pregunta: "¿Qué es un sacramento?" Respuesta: "Un sacramento es una santa ordenanza instituida por Cristo en su Iglesia, para significar, sellar y aplicar a aquellos que están dentro del pacto de gracia, los beneficios de su mediación; para fortalecer y acrecentar la fe y otras gracias, para obligarlos a la obediencia, para testificar y mantener el amor y comunión del uno con el otro, y distinguirlos de los que están fuera."

De acuerdo a una perspectiva, los sacramentos son un poco más que signos o memoriales escuetos. Pero el CM afirma que ellos no son solamente signos/señales (atestaciones visibles del favor de Dios), sino también sellos (confirmaciones del amor de Dios, en los cuales él da seguridad de aquello que es simbolizado por el signo). El CM 163 habla de esta realidad al preguntar, "¿Cuáles son las partes de un sacramento?" Respuesta: "Las partes de un sacramento son dos: el signo externo y sensible usado conforme al mismo mandato de Cristo; la otra es, la gracia interna y espiritual significada por aquella." Esto es verdad tanto del bautismo y la Cena del Señor, aunque nuestro interés por ahora es el primero.

En el bautismo, de hecho, el Espíritu Santo, en el tiempo de Dios, se confiere verdaderamente gracia sobre su pueblo (lo cual puede ser visto como parte de la actividad selladora). La CFW 28.6 lo pone de esta manera: "La eficacia del bautismo no está ligada al preciso momento en que es administrado; sin embargo, por el uso correcto de este sacramento, la gracia prometida no solamente se ofrece, sino que realmente se manifiesta y se otorga por el Espíritu Santo a aquellos (sean adultos o infantes) a quienes corresponde aquella gracia, según el consejo de la propia voluntad de Dios; en su debido tiempo."

¿Quién está en el Pacto?

De acuerdo al Cm 94, "El bautismo es un sacramento que significa y sella nuestra unión con Cristo, nuestra participación en los beneficios de la alianza de gracia y nuestro compromiso de ser del Señor." ¿Quién está en el pacto de gracia? El CM 31 responde que el pacto de gracia: "fue hecho con Cristo como segundo Adán, y en él, con todos los elegidos como su simiente." Consecuentemente, algunos creen que el bautismo es un signo y un sello solamente para los elegidos, y que no es un signo ni un sello cuando se administra a quien no es elegido. Después de todo, ¿no es un sacramento "una santa ordenanza instituida por Cristo en su iglesia, para significar, sellar y aplicar a aquellos que están dentro del pacto de gracia, los beneficios de su mediación (CM 162)? Y ¿no son aquellos dentro del pacto los elegidos en Cristo?

El bautismo en verdad no debe ser administrado a "ninguno de los que están fuera de la iglesia visible, y por lo tanto son extraños al pacto de la promesa." Sin embargo, debe ser administrado a aquellos fuera de la iglesia visible "hasta que profesen su fe en Cristo y obediencia a él," y son por esa razón traídos a la iglesia visible. Además, "los niños que descienden de padres de los cuales alguno de ellos haya profesado su fe en Cristo y su obediencia a él, por este hecho están dentro del pacto, y deben ser bautizados" (CM 166). Los infantes de padres creyentes están dentro del pacto.

Bautismo y Elección

Pero esto, ¿no contradice el CM 31, el cual dice que los elegidos están dentro del pacto? No, porque cuando los estándares de Westminster hablan de la iglesia invisible y del pacto hecho con Cristo y en él con los elegidos, están hablando de la realidad como es vista por Dios. Pero todo con lo que nosotros tenemos que tratar es la iglesia visible. No sabemos más acerca de la iglesia invisible que lo que sabemos acerca de la lista de nombres en el libro de la vida del Cordero. Además, cada uno quien es bautizado en la iglesia visible (i.e., aquellos quienes profesan fe, junto con sus hijos) está en algún respecto dentro del pacto (CFW 27.1; 28.1; CM 165-167).

Claramente, entonces, los infantes de padres creyentes están en el pacto (y por esa razón deben ser bautizados), no porque suponemos que ellos deben ser elegidos, sino simplemente porque Dios dice que ellos están en el pacto y de este modo se les debe dar la señal y el sello del pacto. Porque nuestros hijos están dentro del pacto, se dice de ellos que las promesas de Dios les pertenecen, no que las promesas de Dios son para ellos si ellos son elegidos. Nadie nunca en la Biblia ha señalado alguna vez a su elección como el fundamento para la fe y seguridad. Más bien, vemos nuestra elección indirectamente cuando confiamos en Cristo y cuando la obediencia fluye de esa confianza.

Es absurdo decirles a nuestros hijos que la obra de Cristo es para ellos solamente si ellos son elegidos como es absurdo decirle a un hombre que él debe tener seguridad antes de que él ejerza fe. No, el bautismo significa y sella en nuestros hijos todas las bendiciones de la salvación que Cristo ha ganado para nosotros. Tenemos que instar a nuestros hijos a amar y servir al Señor quien ha muerto por ellos. El fracaso de algunos padres de considerar a sus hijos como dentro del pacto resalta un gran peligro en las comuniones Reformadas y Presbiterianas: la tentación de permitir que la gloriosa doctrina de la elección absorba todo lo demás, particularmente los medios de gracia.

Mientras que los estándares de Westminster ciertamente afirman la doctrina de la elección como una fuente de consolación para el pueblo de Dios, ellos se refieren a "La doctrina de este alto misterio de la predestinación" y advierten que "debe tratarse con especial prudencia y cuidado" (CFW 3.8). Es verdad que los reprobados no reciben la gracia a través de los medios de gracia (si bien se "se manifiestanÉa todas las naciones," CM 35), pero los medios de gracia nunca se manifiestan con la condición "si tú eres elegido." El bautismo es para aquellos que están en el pacto, ya sea viniendo como un adulto profesando fe o como el hijo de uno quien profesa fe, y significa y sella la gracia de Dios a todos aquellos que la reciben.

El sello de la Promesa de Dios

El bautismo no solamente pone el nombre de Cristo sobre aquellos quienes lo reciben, sino que también les sella la promesa de Dios con la autoridad de Dios mismo, tanto como un rey firmando un decreto real y después poniéndole su sello, imprimiéndolo con su anillo de sello. Nosotros firmamos documentos y después, para certificarlos como auténticos, un notario los sella. 2 Corintios 1:21-22, Efesios 1:13-14 y 4:30 dejan en claro que nosotros estamos sellados por el Espíritu Santo, la prenda (o garantía) de nuestra herencia venidera, sellada para el día de la redención.

Ese sello fue iniciado en el bautismo y es continuado en la Cena del Señor. El aspecto del sello del bautismo es para nuestro consuelo y seguridad. Siempre que nuestros enemigos (el diablo, la carne, y el mundo) nos digan que no somos nada de lo que en verdad somos en Cristo, somos consolados al saber que nuestro sello del Espíritu Santo, de nuestra vida estando escondida con Dios en Cristo, de estar sentados en los lugares celestiales con Cristo Jesús nuestro Señor, es confirmado tanto en la Palabra y en la señal y sello que es el sacramento. Nuestro bautismo es una señal y un sello para nosotros de que ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino pertenecemos, en cuerpo y alma, a nuestro fiel Salvador Jesucristo, y recibimos el testimonio de nuestro bautismo en fe. Nosotros creemos lo que representa nuestro bautismo. No es una señal escueta, sino también un sello, una garantía, de la gracia que nos ha traído con seguridad hasta aquí y seguramente nos llevará a casa.

Artículo publicado originalmente en la revista de la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa "New Horizons" (Nuevos Horizontes). Versión Castellana: Valentín Alpuche. Traducido y Publicado con el debido permiso.